
Alemania y el Hidrógeno: Las Ocho Prioridades Críticas para Consolidar el Mercado
Alemania se encuentra en una fase decisiva para transformar su sistema energético, y el hidrógeno, junto a sus derivados, jugará un rol estructural en ese proceso. El Consejo Nacional del Hidrógeno (NWR) ha presentado ocho prioridades concretas para la nueva legislatura política, cuya implementación marcará la diferencia entre acelerar la transición o quedar rezagados en la competencia global.
El primer pilar es la integración efectiva del hidrógeno en la política industrial y climática, no como una solución puntual, sino como un eje transversal de transformación sectorial. Sin este alineamiento estratégico, el objetivo de alcanzar la neutralidad climática en 2045 quedará fuera de alcance, y la industria alemana corre el riesgo de perder posiciones clave en la economía global del hidrógeno.
Además, el NWR advierte que la fase inicial del despliegue debe gestionarse con pragmatismo. Restringir de forma prematura la flexibilidad tecnológica, por ejemplo, en torno al hidrógeno bajo en carbono, podría frenar la creación de mercado, encarecer la inversión y retrasar la adopción en aplicaciones industriales estratégicas.
Simplificar los procesos regulatorios y administrativos es otra condición imprescindible. Sin una drástica reducción de la burocracia, el desarrollo de la cadena de valor será fragmentado e ineficiente, desincentivando el capital privado y erosionando la competitividad frente a otros polos de hidrógeno como Estados Unidos o Asia.
La infraestructura es otro cuello de botella crítico. Alemania necesita expandir de forma sincronizada las capacidades de transporte, almacenamiento e importación. Retrasos en este frente comprometerían no solo el abastecimiento interno, sino también la posición del país como hub europeo de hidrógeno.
En paralelo, es esencial consolidar mercados líquidos, transparentes y con señales de precio estables. Mecanismos como las cuotas de hidrógeno verde o los acuerdos a largo plazo son indispensables para generar certidumbre y atraer inversiones de alto volumen.
El acceso a financiamiento sostenible representa otro reto clave. Sin instrumentos de mitigación de riesgos, seguros de inversión y políticas de apoyo robustas, la captación de capital privado será insuficiente, ralentizando el despliegue tecnológico y elevando los costos.
El NWR también subraya la necesidad de impulsar clústeres regionales de hidrógeno, que integren generación, demanda e infraestructura en áreas industriales específicas. Ignorar esta dimensión territorial debilitaría el impacto económico y social de la transición, limitando la creación de empleo y valor añadido local.
Finalmente, dada la inevitable dependencia de importaciones de hidrógeno, las alianzas internacionales deben convertirse en un pilar estratégico. Fallar en este punto comprometería tanto la seguridad de suministro como la competitividad en el emergente mercado global del hidrógeno.
Las 8 medidas del NWR no son propuestas aisladas, sino que operan como palancas concretas sobre los pilares de la Estrategia Nacional (NWS), acelerando su implementación y reduciendo riesgos críticos. No ejecutarlas comprometería los plazos, la competitividad y la seguridad energética de Alemania… pero ¿tienen sentido que se adopten estas medidas en España?
Lo cierto es que España y Alemania parten de situaciones muy distintas. Mientras Alemania lidia con la necesidad de importar grandes volúmenes de hidrógeno por su limitada capacidad de generación renovable, España se encuentra en una posición singularmente favorable.
Por tanto, aunque las medidas propuestas por Alemania son interesantes y en su mayoría aplicables, no deben asumirse de forma automática. España necesita un plan alineado con sus propias fortalezas.
Por ejemplo, la integración del hidrógeno en la política industrial y climática es fundamental, pero en el caso español, esa integración debe contemplar no solo el autoconsumo o el uso en sectores locales, sino el objetivo de posicionar al país como proveedor estratégico de hidrógeno renovable sea para la exportación hacia el resto de Europa o bien para atraer industria por los bajos costes.
En cuanto al pragmatismo tecnológico que plantea Alemania, basado en permitir el uso inicial de hidrógeno bajo en carbono, en España la situación es diferente. Aquí, con el potencial renovable disponible, el hidrógeno verde puede y debe ser el eje principal de desarrollo. Apostar de forma significativa por otras formas de hidrógeno podría suponer desviar recursos y comprometer la ventaja competitiva española en el mercado europeo.
Sí existe plena coincidencia en la necesidad de simplificar los trámites administrativos y reducir la burocracia, que en España sigue siendo un lastre para el avance de proyectos energéticos, incluidos los del hidrógeno. Tal como se reflejó en el primer Informe del Clima Empresarial en Andalucía que sacamos en enero de 2025.
El desarrollo acelerado de infraestructuras es otro punto crítico. España necesita garantizar los corredores de transporte y exportación, como el H2Med, y adaptar los principales puertos a la logística del hidrógeno, si quiere materializar su papel como proveedor hacia el norte de Europa, esto incluye firmar alianzas con Francia como intermediario.
Por supuesto, sin señales claras de mercado, marcos de financiación robustos y mecanismos de mitigación de riesgos, será difícil atraer las inversiones que este sector requiere. En este sentido, las lecciones alemanas son perfectamente aplicables.
Además, el concepto de crear clústeres regionales de hidrógeno con una integración completa de la cadena de valor es especialmente interesante para el caso español. Regiones como Andalucía, Aragón, Castilla-La Mancha o el País Vasco ya se están posicionando como nodos clave en este ámbito y deben contar con el apoyo institucional y la coordinación necesaria para consolidar sus proyectos. En este sentido y para atraer nueva industria, desde la Península se deberían identificar áreas donde posibles grandes consumidores de h2 podrían instalar nuevas fábricas, definir paquetes de medidas que atraigan la inversión y allanar el camino a estos proyectos donde se generarían nuevos puestos de trabajo. Esto permitiría diseñar un plan de industrialización acorde a las necesidades del país.
Por último, pero no menos importante, la dimensión internacional. España tiene la oportunidad de convertirse en un actor central dentro de las alianzas energéticas europeas y mediterráneas. La cooperación con Francia, Portugal y los países del Norte de África será determinante para garantizar la viabilidad técnica, económica y geopolítica de su estrategia del hidrógeno.
En definitiva, España no debe copiar mecánicamente la hoja de ruta alemana. Debe inspirarse en lo que funciona, pero construir un modelo propio, coherente con su potencial de generación renovable, su rol exportador y su ventaja geográfica.
Escrito por Juan Zurbarán, colaborador del Clúster Andaluz del Hidrógeno. https://www.linkedin.com/in




